Mauricio Jalife Daher • Feb 19, 2020

La publicación en Diario Oficial de la solicitud de ampliación de la Denominación de Origen Mezcal, a fin de incluir dentro de la misma a cuatro municipios del sur de Sinaloa, ha sonado nuevamente las alarmas en diversas instancias asociadas a esta industria, en particular a los productores del Estado de Oaxaca y al Consejo Regulador del Mezcal.

Como se recuerda, los productores oaxaqueños desarrollaron una contundente oposición a la ampliación de la Denominación de Origen para albergar municipios de Aguascalientes, Estado de México y Morelos en Septiembre de 2018, hasta el punto de marchar en avenidas de la Ciudad de México, y cerrar el IMPI, en protesta por la decisión. A sus acciones materiales, acompañaron sendas demandas judiciales para frenar la puesta en práctica de las decisiones que habilitaban la autorización para estas entidades, habiendo logrado suspender el avance de los expedientes.

El argumento de oposición no era otro que la ausencia de evidencias históricas como para atribuir a esos estados reconocimiento para integrarlos al territorio del mezcal; ni la ancestralidad en la producción del destilado, ni la presencia de insumos en la zona, ni la existencia de una industria mezcalera como lo exige la ley.

Las acciones desplegadas por los productores podían merecer dos lecturas; la primera, como el simple atrevimiento gremial de mostrar una inconformidad “al estilo Oaxaca”; la otra, entender esta expresión como un valioso empoderamiento de un sector que valora el activo intelectual que poseen, consistente en un derecho de Propiedad Intelectual que les otorga una ventaja competitiva extraordinaria, que hoy saben valorar y defender.

Me quedo con esta segunda interpretación, que representa la primera ocasión en que un derecho tan sofisticado como éste, es enarbolado por las comunidades que son sus beneficiarias. Este hecho no es un tema menor, habida cuenta de la historia de indiferencia, bajo respeto y piratería que ha caracterizado nuestra postura como país frente a las Indicaciones Geográficas.

Ahora, son los municipios sinaloenses de Mazatlán Concordia, Rosario y San Ignacio, los que pretenden ser acogidos en la Denominación, pretendiendo subirse a la escalada de apreciación de la bebida en los mercados internacionales. Sin embargo, no se trata de abrir o no la puerta a los municipios que así lo soliciten, a fin de que no se queden fuera de la fiesta, sino de entender que para gozar de la exclusividad que otorga la Denominación de Origen no basta “querer ser mezcalero”, sino “haberlo sido”. De hecho, la misma solicitud formulada para ser parte de la Denominación del Mezcal podría Sinaloa haberla dirigido al Bacanora o el Tequila, dada la inexistencia de antecedentes directos con la industria mezcalera.

De suyo, ya la Denominación de Origen del Mezcal es la más extendida en territorio en el mundo entero, pero seguirla expandiendo, solo por el mérito de su actual éxito, es el camino más corto hacia su devaluación y desgaste.