Observamos como la pandemia desafía a las cadenas productivas, a los negocios, a todas las industrias, las vidas, a nuestras familias, a cada uno de nuestros países, en pocas palabras, al mundo como lo conocemos. El surgimiento del famoso virus nos tomó por sorpresa. Millones de personas, confiaban que la ciencia tendría su as bajo la manga, para en seco, parar el avance de esta desgracia, pero el tiempo no se detiene, el número de enfermos sigue creciendo, así como el de muertos, supuestamente, a causa de este COVID – 19. Seguramente muchos de nosotros, nos hemos preguntado lo siguiente, máxime con este encierro obligado que ya ha durado bastante tiempo: ¿debo pagar la tarjeta?, ¿debo cumplir con el pago de mis impuestos?, ¿debo pagar la colegiatura de la escuela?, ¿debo pagar la mensualidad del club?, ¿debo pagar la renta?, ¿tengo derecho a mi sueldo completo?… y así podría seguir, sin parar. En este artículo, sólo me enfocaré en atender al impacto de la emergencia en las relaciones comerciales de todos los días.

Mi sentido común, me indicaría que tome el rumbo de la solidaridad, buscando encontrar un balance en todas las relaciones, como un medio natural para prevenir y resolver conflictos. Esto se queda, en muchas ocasiones, en una mera UTOPÍA, ya que todo lo anterior, se fractura y se pervierte cuando hablamos de cubrir necesidades básicas. Cada uno de nosotros, protegemos nuestro terruño con los recursos y herramientas que a la mano tenemos, para estirarlos, lo más posible, buscando así llegar bien a la otra orilla, con la esperanza de que la “normalidad” vuelva a nuestras vidas.

Esto es una realidad, en la cual, nosotros los abogados, al preparar cualquier tipo de contrato, incluimos cláusulas que, de forma cotidiana, incluimos en este tipo de documentos, muchas de las veces, ya no las revisamos ni las leemos. Dentro de estas cláusulas “de cajón”, tenemos aquellas aplicables “al caso fortuito y la fuerza mayor”, como circunstancias excepcionales que sitúan a las partes, o a una de ellas, en la imposibilidad de cumplir con lo pactado. Normalmente, los contratos liberan a las partes de esas obligaciones, limitando el beneficio al tiempo que dure el estado de excepción. Entre las causas más remotas de “fuerza mayor” se mencionan terremotos, inundaciones, revoluciones, guerras y otros casos de película. Al ser este listado, meramente enunciativo, sí, las epidemias están incluidas.

También es cierto, que algunos abogados, no son tan cautelosos, y en muchos de sus contratos no incluyen este tipo de previsiones, casos en los que obligatoriamente sólo la ley resolverá dicho conflicto. No todos los códigos contemplan este tema de la misma manera. En el año 2010, algunos códigos dieron paso a un supuesto que contempla estos eventos, bajo el título de la “TEORÍA DE LA IMPREVISIÓN”, como está incluida en los Códigos Civiles tanto de la Ciudad de México como del Estado de México. Amparado en esta teoría, es posible que una de las partes pida se modifique un contrato en caso de acontecimientos extraordinarios de carácter nacional (en estos momentos, deviene de una situación de carácter mundial), que no fuere posible prever y que, por esa causa, las obligaciones de una de las partes se vuelvan más onerosas, por lo que esta acción tiene la finalidad de recuperar el equilibrio entre las obligaciones. Un ejemplo clásico, la renta de un local comercial que por orden de la autoridad debe permanecer cerrado, de manera que para el arrendatario el pago de la renta resultará desproporcionado durante el tiempo que dure la contingencia.

En caso de que las partes logren llegar a un acuerdo sobre el monto a reducir, el tiempo y las condiciones, ese convenio ES VÁLIDO; por el contrario, si las partes no resolvieron sus diferencias, en ese caso, es posible recurrir a un Juez para que, con base a los argumentos y pruebas de cada una, el tribunal resuelva. El plazo para solicitar el ajuste de las obligaciones es de 30 días, por lo que en el caso de México éste se cuenta a partir de que la emergencia por el COVID-19 fue declarada, lo cual sucedió el 31 de marzo de 2020. Considerando el gran número de consultas y/o dudas de familiares, de clientes y de amigos, me he dado cuenta que la emergencia, A TODOS, nos tomó por sorpresa, incluyendo la ley y los contratos, ya que muchos de los supuestos no están considerados y muchos de los códigos en los estados de la República son omisos sobre el particular. Sin embargo, el principio de la teoría de la imprevisión, que busca restaurar el equilibrio en un contrato, cuando un acontecimiento impredecible e incontenible, ajeno a las partes, lo altera, debe atenderse como criterio de solución para todos los casos.

La función de la ley es la de erigir en valor jurídico la solidaridad que como sociedad nos debemos unos a otros. Ante la duda, hay que recurrir a este principio, y a su espíritu, en lo que la naturaleza restaura la alteración que la pandemia impone.